lunes, 23 de diciembre de 2013

SATAN
 Y el hombre fabulaba, engolosinado con el don que yo, Satán, le había concedido a cambio de su alma: mentir sin pestañear.
 Recorrimos el mundo como dos grandes compañeros. En tres carave­las cerramos la paradoja de ir a un continente alejándonos de él. Destrozamos las panzas de los grandes trasatlánticos con la punta afilada de nuestro submarino. Seguimos, en medio de furiosas tormentas, la huella de la isla viviente, la ballena blanca, en el mar. Vimos todas las cosas del universo, desde todas las pers­pectivas, adentro y afuera, lejanas, sin tocarse, pero juntas en un solo punto. Arribamos a Itaca.

 El proseguía su relato, entregándome el alma. Y yo lo excito a continuar. Si callara, Satán mismo desaparecería.

No hay comentarios: