lunes, 23 de diciembre de 2013

EL OTRO

 -Pero usted me debe cincuenta mil bolívares!- insistía; y más furioso se puso cuando le repetí mi imperturbable respuesta:
 -Ya le he explicado que fue "El otro", que no fui "Yo" el que contrajo esa deuda. ¿Acaso no leyó el aviso? - y volví a mostrar­le la página del periódico donde aparecía el texto que había puesto mi otro Yo, antes de su suicidio, antes de que yo tomara su lugar: "Participo a mis amigos y relacionados de dentro y fuera de esta ciudad que no reconozco deudas que haya contraído otro que no sea yo. Hago esta advertencia para evitar inconve­nientes y mixtificaciones desagradables. Andrés Erre".
 El sacó un revólver. Pero yo fui más rápido: disparé primero. No tenía alternativa: quería matarme. Estaba fuera de sí.
 Entonces, su otro Yo se apoderó de aquel cuerpo.
-Me debe el cuerpo del que ahora dispone- le advertí al ver cómo sacudía los brazos, ajustándose el cuerpo al alma, recordando a la vez las ventajas que yo había obtenido al tomar el cuerpo de mi otro yo al suicidarse.
 -¡Oh, no!- me respondió-.El otro es quien se lo debe...Por cier­to- agregó-, usted me debe cincuenta mil bolívares...
 -¿Cómo?

 - No ha leído el periódico?- y me mostró aquel aviso: "Participo a amigos, conocidos y público en general, que sus deudas conmigo y con el otro las cobro sólo Yo. Firma: Yo".

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