EL OTRO
-Pero usted me debe cincuenta mil
bolívares!- insistía; y más furioso se puso cuando le repetí mi imperturbable
respuesta:
-Ya le he explicado que fue
"El otro", que no fui "Yo" el que contrajo esa deuda.
¿Acaso no leyó el aviso? - y volví a mostrarle la página del periódico donde
aparecía el texto que había puesto mi otro Yo, antes de su suicidio, antes de
que yo tomara su lugar: "Participo a mis amigos y relacionados de dentro y
fuera de esta ciudad que no reconozco deudas que haya contraído otro que no sea
yo. Hago esta advertencia para evitar inconvenientes y mixtificaciones
desagradables. Andrés Erre".
El sacó un revólver. Pero yo fui
más rápido: disparé primero. No tenía alternativa: quería matarme. Estaba fuera
de sí.
Entonces, su otro Yo se apoderó de
aquel cuerpo.
-Me debe el cuerpo del que ahora dispone- le advertí al ver cómo sacudía
los brazos, ajustándose el cuerpo al alma, recordando a la vez las ventajas que
yo había obtenido al tomar el cuerpo de mi otro yo al suicidarse.
-¡Oh, no!- me respondió-.El otro
es quien se lo debe...Por cierto- agregó-, usted me debe cincuenta mil
bolívares...
-¿Cómo?
- No ha leído el periódico?- y me
mostró aquel aviso: "Participo a amigos, conocidos y público en general,
que sus deudas conmigo y con el otro las cobro sólo Yo. Firma: Yo".
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