lunes, 23 de diciembre de 2013

OBJETOS ROBADOS

  Cuando leí el aviso en el periódico, supuse que debía llegar temprano.
  ¡Bueno! Son las cuatro de la madrugada y ya hay una cola larguí­sima de gente esperando recuperar sus objetos robados. Menos mal que anunciaron que abrirían las oficinas a las seis.
  - ¡Caray! Cómo hay de gente!- exclamé al llegar.
  La cola, como una culebra, se retorcía y anudaba dentro del local. Dejé vagar la mirada por aquella  vitrina de especímenes humanos.
  - ¿Qué le pasará a aquel señor que lo sostienen por las axilas? ¿Es paralítico? ¿Por qué no anda en silla de ruedas?
  - Oh! A mí también me llamó la atención cuando llegué -me res­pondió el señor que me antecedía en la fila-. Lo que pasa es que le robaron la voluntad. Sin ella, vive sujeto a las corrientes contradictorias de la indecisión. Lo sostienen sus familiares. De lo contrario deambularía de aquí para allá o quedaría paralizado en un solo lugar, lo cual no beneficiaría a los demás que espera­mos...
  - ¡Caramba! ¡Hasta eso se roban! ¿Adónde iremos a parar con esta delincuencia?
  El amigo de la cola asintió.
  Fueron las seis y media cuando por fin llegaron los funciona­rios, y el reloj marcó las siete cuando comenzaron a devolver los objetos robados. El sol inició su periplo y la cola su avance, con  lentitud, pero también con seguridad.
 Salían algunos satisfechos; otros, con caras compungidas. Llegaron los vendedores de perros calientes. Abrí el termo con el café. No tenía hambre. Qué extraño.
 Como a las tres de la tarde se produjo una fuerte discusión entre un ciudadano y el funcionario. Aquél, al parecer, no tenía completa su documentación. Lo mismo se repitió dos o tres veces. Menos mal que la policía apartaba a quienes discutían para que la cola siguiese fluyendo.
  A las cinco y media ya faltaban siete personas para que yo llegara a la taquilla. Cerraban a las seis y media. Crucé los dedos deseando que alcanzara el tiempo para recuperar mi objeto robado.
 Entregaron tres corazones. Todos se hallaban en muy lamentables condiciones: abollados, carcomidos, quemados. Había uno que sangraba. Otro todavía soltaba humo. También devolvieron dos confianzas; una todavía podría funcionar, la otra estaba defini­tivamente para la chivera. Después entregaron un sueño en un envase plástico hermético. Por lo menos así no se disiparía tan pronto. Hubo la devolución de un beso, dos promesas y un recuer­do. El amigo delante de mí abrazó emocionado sus proyectos para la vida, al fin recuperados.
  - Oh! Oh!- masculló el agotado funcionario cuando revisó mi documentación -. Me temo que hay un problema.
  - ¿Cuál? - pregunté.
  - En los casos de devolución del sentido de la vida se re­quieren tres copias de la cédula y usted trajo sólo dos...

  - Pero ¡no tiene sentido! 

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